El populismo y su promoción educativa automática
El ministerio de Educación propone eliminar para fin de año en el colegio secundario las amonestaciones y el examen de ingreso. Por su parte, en la provincia de Buenos Aires los funcionarios decidieron que aquellos ex alumnos que adeuden materias de quinto año podrán hacer un breve curso de dichas asignaturas y rendirlas en diciembre para intentar lograr el ansiado título segundario. Si bien hay fabuladores de todas las ciencias y pseudo ciencias de gobierno abusando de sufridos televidentes y radioescuchas, no existe mayor plaga que la de los “educadores” a quien nadie intenta rebatir, por lo que sus “maravillosas” ideas son aceptadas, para perjuicio del país, sin amago de resistencia.
En primer lugar hay que señalar que ni la escuela, el colegio, los maestros o profesores educan, ni a la universidad se va a estudiar. Lo que ahí se recibe es lisa y llanamente instrucción en materias aptas para la vida como son sumar, restar, multiplicar, dividir, leer y escribir. Conocimientos básicos que si no se aprenden en esos niveles perjudican notablemente el desarrollo de nuestros compatriotas. La educación debe –debería– ser patrimonio de los padres o familiares más cercanos. Los hábitos de lectura, higiene, disciplina o respeto hacia los demás por parte de niños y adolescente (hacia iguales y mayores), no se aprende en los salones de clase sino en el hogar.
Una familia que mira día y noche televisión contribuye a que sus hijos sean autistas que apenas pueden balbucear guturales ¡ehg!, ¡ohg! y ¡ahg!, como prueba máxima de su léxico a los que agregan reiterados bol… (con sus correspondientes femeninos). Pero como la cosa viene desde hace décadas y abarca a todos los sectores sociales, cierta porción decadente de clase media cuya edad oscila entre los 18 y los 30 años puede hilvanar repetitivamente algunas palabras más: “total”, “totalmente” o “evidente” son algunas de las muletillas usadas a toda hora. Y si no hay mayores habrá casa (si la hay) pero no hogar, y el alcohol y la droga harán que el estrago se acelere
El problema “educativo” argentino no se encuentra en el colegio secundario ni en la universidad aunque ambos capas estén con problemas más que evidentes. Uno y otro están, además, superpoblados. En donde comienza la dificultad es en la escuela primaria, cimiento de toda instrucción, de la construcción de todo edificio que bien se precie. Lo demás es populismo de la peor especie. Que aprueben todos, que todos pasen de año y puedan ir a la universidad. Abajo la excelencia y que viva el igualitarismo. ¿Para qué?
Los jóvenes llegan a la universidad sin saber hacer cuentas simples ni comprender textos porque no saben leer y apenas garabatean con un idioma incomprensible los infinitos mensajes de textos que envían desde sus celulares. Pero todos entrarán porque un título, autoproclamarse “doctor” por ley cuando jamás presentaron una tesis, o pernoctar por diez años en los claustros no se le niega nadie: un trabajo sí. ¿Qué va primero? ¿Los dos? ¿Por qué?
A la universidad ("Voy a la facu, papá") no se debería ir a “estudiar” sino a investigar. Pero qué investigadores tendría el país: ¿los mismos que no saben leer ni escribir? Sí. Esa universidad debería estar al servicio del pueblo y no de la oligarquía universitaria que la ha convertido en un coto de caza para su deleite exclusivo. Y cuando hablamos de oligarquía nos referimos a alumnos, profesores, docentes y personal no docente, a la que hay que combatir como si fuesen un ejército invasor que ha tomado parte del territorio.
Nos reiteramos una vez más: el ministerio de Educación deba cambiar su nombre por el de Instrucción; los estudios universitarios deben ser pagos para los pudientes y subvencionados para aquellos que no estén en condiciones económicas pero sí para la investigación; debe establecerse un mínimo de años de permanencia en el sistema que expulse a los “estudiantes” crónicos; establecer un riguroso examen de ingreso y dejar sin efecto la ley de autonomía universitaria porque la cantidad de profesionales que necesita Argentina y los lineamientos de las carreras universitarias deben estar en manos del pueblo a través de los partidos políticos, los empresarios y los sindicatos, siendo el ministerio de Educación sólo el brazo ejecutor de las políticas que esos sectores señalen.
Hace décadas que la escuela primaria tiene “promoción automática”, es decir, todos los alumnos pasan de grado, de lo contrario, los inspectores se ponen molestos con las directoras y éstas con las maestras. Así se dibuja una especie de INDEC educativo al revés del económico: se escribe que más alumnos han pasado de grado cuando en realidad deberían ser menos. Por el mismo precio y tiempo las escuelas son “contenedores” de párvulos sin contención familiar. Encierros diurnos que lo mejor que hacen es brindar almuerzos y tal es así que las autoridades educativas (¿o gastronómicas?) señalan, ante cada paro docente que “no se suspenderá” el servicio de comedor.
En primer lugar hay que reforzar la instrucción primaria y poner en prisión a los padres o responsables que no envíen a sus hijos a la escuela. Con un par de casos bien publicitados por la prensa se solucionaría el problema de la deserción escolar. Es cuestión de probar. El título secundario no amerita que los contenidos “estudiados” en ese ciclo hayan sido asimilados por los postulantes a un puesto de trabajo. Bien lo saben los empresarios que exigen título secundario hasta para colocar mercaderías en las góndolas de los supermercados. Y en tiempos que comadres y pequeños delincuentes de guardapolvos blancos se complacen en agredir al personal docente y gozan de “derechos humanos” para hacerlo, hay que reimplantar las amonestaciones como antesala del reformatorio. Lo demás es parloteo populista de la peor especie que hará que, al paso que marchamos, la siguiente generación haga en sus cuadernos la o, ayudándose con un vaso.
SALINAS BOHIL
CORREO DE BS AS
martes 14 de octubre de 2008
POPULISMO.....
Publicado por Lic. Scolaro en 10/14/2008
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